domingo 29 de junio de 2008

Niño rico con problemas: Defecto Mariposa


Este tipo de relatos es de los que Alberto Fuguet llamaría urgentes. Cotidianos y veloces, con la suficiente dosis de mismidad que los hacen tan aburridos como necesarios. “Niño rico con problemas”, del uruguayo Dani Umpi, es tan ambiguo como el propio autor que, de tanto querer decir dice poco o no dice nada.

Este joven novelista, que también es músico, poeta, artista plástico, publicista y fotógrafo, tiene demasiadas imágenes en su cabeza como para entender que de vez en cuando un punto aparte es bienvenido. Su velocidad no da respiro en una prosa que combina la música, la televisión, las comunicaciones por Internet, celular y los medios masivos. Tiene agilidad y buena mano, pero las pausas también se agradecen. Alguien debiera decirle que confundir al lector con tanto cambio de narrador no siempre es una virtud literaria, pero Umpi pareciera disfrutar con sus delirios creativos.

El uruguayo quiere expresar sus ideas por todas las vías de escape que su cuerpo y capacidad le permitan. Y no le importa tropezarse con sus letras, porque entiende bien que la honestidad del texto radica en la propia sensatez del autor, pero habría que decir también que la tan manoseada sensibilidad le entrega puntos cuando puede convertirse en referente de otros jóvenes tan necesitados de cariño como él. Y eso pareciera ser una norma, mientras más frágil eres menos amor tuviste cuando niño. Lo mismo para sus homosexuales personajes, porque sabemos que se sufre y que nunca ha sido fácil salir del closet, más cuando vienes de una familia acomodada y prejuiciosa. “Niño rico con problemas” es la historia del joven gay de nuestros tiempos, alternativo, atormentado, medio under y lleno de atados existenciales que no tengo ganas de comentar. Puede que sea también la historia también del propio Umpi.

Dice que lo kitsh implica una distancia con el objeto, una distancia intelectual de alguien que está en un nivel superior y señala algo de un nivel inferior para descontextualizarlo. Dice que en su caso es más funcional y que esos elementos están ahí porque si quieres escribir una escena en una pizzería en donde los personajes toman Pepsi, la mirada kistch y la mirada pop le dan a esa Pepsi una carga simbólica determinada. Yo no sé, pero hay quienes comparan a Umpi con Manuel Puig, precisamente por ese lenguaje y ese código tan propio de los medios de comunicación.

Bien por los Umpi y por los que sienten que tienen algo que decir. Tengo la idea de que siempre habrá alguien que quiera leerlos y encuentre conexión con ellos. Finalmente son esos vínculos los que uno busca, arrancar de la soledad, sentirte acompañado y comprendido. Umpi, pulido a punta de best sellers, ha publicado tres novelas y un libro de poemas y sin leerlas adivinamos de que se tratan: Cuestión de tamaño, Aún soltera, Miss Tacuarembó y Sólo te quiero como amigo. A Umpi le interesan las relaciones afectivas, las penas de amor, el dolor y todo eso que pasa adentro y que se supone que nadie ve. A Umpi le da lo mismo, él lo cuenta todo, o casi todo.

Un teléfono maldito


Hace once años, Roberto Bolaño (1953 – 2003) publicó Llamadas telefónicas: me cuesta trabajo imaginar un motivo literario más sugestivo. Quizá porque el teléfono, como ninguna otra herramienta, hace sangrar los márgenes de una historia, multiplicando la imaginación, la intriga. “Todo empezó por un número equivocado, el teléfono sonó tres veces y la voz al otro lado preguntó por alguien que no era él”, apuntó Paul Auster en la apertura de La ciudad de cristal.

Mas Auster no es el único tentado. Una vez leí sobre cierto sujeto maniaco, paranoico, que, al oír cualquier teléfono rechinando, aún si se tratara en un departamento o casa ajenos, sentía la necesidad de contestar el llamado como propio. Mal que mal, pensaba, en potencia, todos los pinchazos pueden apuntar a uno: por un error de número o un mal contacto de los cables, acaso el timbrazo ha venido a acabar en el auricular del vecino.

Cuando este sujeto trota por las mañanas, bordea una colina poblada de jardines y casas, de vez en cuando oye un teléfono, se inquieta, afloja el paso. Al reanudar la carrera, frente a la siguiente cerca vuelve a oír un timbre, y piensa: “hay un telefonazo que me está persiguiendo, hay alguien que busca en la guías de calles todos los números de Chestnut Lane y llama a una casa tras otra para ver si me alcanza”.

Y es en este absurdo donde me doy cuenta que Bolaño está lejos de fabricar círculos narrativos con el teléfono de centro; es decir, lejos de ocupar el espacio con timbres que repican y de condicionar personajes ante el objeto que llama. Uno, porque Llamadas… es un volumen de relatos breves, que toma su nombre de una parte del libro, o bien del título de una de las catorce historias. Y dos, porque los teléfonos de Bolaño, las llamadas de Bolaño provienen de este mundo, el nuestro. “No tengo teléfono, siempre busco una cabina” (Clara). Y aún así, sigue tratándose de llamados no menos intensos. Bolaño conoce bien el frío de la línea telefónica: “Al otro lado, la voz de X dice: bueno, quién es”. Silencio. “El tiempo –el tiempo que separaba a B de X y que B no lograba comprender– pasa por la línea telefónica, se comprime, se estira, deja ver una parte de su naturaleza. B sin darse cuenta, se ha puesto a llorar. Sabe que X sabe que es él quien llama. Después, silenciosamente, cuelga” (Llamadas telefónicas).

En la novela de Auster, el escritor Daniel Quinn (quien atiende el número equivocado) cultiva el anonimato bajo el apodo de William Wilson. Si ningún libro de Wilson incluía una foto del autor o una nota biográfica en la solapa, no concedía entrevistas y todas las cartas eran respondidas por la secretaria de su agente; entonces no hay más remedio que situar a Roberto Bolaño al otro extremo de Wilson.

Desde poco antes de su muerte, resulta imposible leer a Bolaño con la inocencia que se lee a autores que son sólo un nombre en la portada, casi una palabra hecha una con el título. Bajo cada línea desciframos un relato, pero a la vez vemos al fumador cuya prosa sigue el ritmo de las caladas de cigarrillo, al cosmopolita que se asentó en Blanes, padre de Lautaro y Alexandra, la figura lisa y flaca de la foto en que Nicanor Parra anota “le debemos un hígado a Bolaño”, en suma, al escritor que hacia el final de su vida había conquistado editoriales, premios y público. “Es famoso, tiene dinero, es leído, las mayores ambiciones (y en ese orden) a las que puede aspirar un hombre de letras” (Una aventura literaria).

En simetrías opuestas, Arturo Belano es a Bolaño lo que Wilson es a Quinn. En Llamadas… Bolaño se deja ver, se advierte por todas partes, no los artificios de su mano, que bien sabe ocultar como se oculta el arte. Es su rostro, el rostro –antes que todo– del escritor. Asoma dentro del mocoso cimarrero, aficionado al cine y al robo literario (El gusano), bajo la piel del cazador al acecho de cuanto premio literario organizaban los municipios españoles (Sensini), y en la sombra de un irreconocible preso político en pleno golpe militar (Detectives). Es cierto que la novela habla siempre del autor. Sin embargo, hay escrituras que lo borran. No es el caso, los relatos pueden ser biografía disimulada. Bolaño está presente, quizá con sus entrañas.

El texto es de mi buen amigo Víctor Valenzuela.

martes 29 de abril de 2008

Ruth Bradley: “Chile lo ha hecho estupendamente bien en lo macroeconómico”

Ruth Bradley, corresponsal de The Economist en Chile.

La periodista británica, especialista en economía, se reunió con estudiantes de periodismo para discutir en torno al rol de la prensa de negocios en el país. Destacó la cobertura económica de La Tercera y criticó el manejo comunicacional de la Presidenta Bachelet.

Ruth Bradley nunca estudió periodismo y, sin embargo, se desempeña como reportera en uno de los medios más prestigiosos en el mundo: The Economist, que vende más de un millón de copias a la semana y cuyas ventas se producen en un 80% fuera del Reino Unido. Casada con chileno y doctorada en economía, llegó a la prensa casi de rebote, y el resultado está a la vista: actualmente cubre para la revista británica uno de los sectores noticiosos que más dolores de cabeza le da al gobierno.

Bradley lleva 10 años trabajando en The Economist y nadie queda indiferente ante lo que el prestigioso medio señala de Chile. La prensa local la cita con frecuencia y sus artículos son comentario obligado entre empresarios y personalidades del gobierno. El martes pasado, los estudiantes de la cátedra de Periodismo Económico de la Universidad de Chile pudieron dialogar con la periodista en torno a estos temas y al desempeño de la prensa de negocios en el país.

Ruth Bradley destacó las potencialidades del país en materia económica, pero señaló que, respecto de estas, la prensa especializada carece de un análisis profundo, atribuyendo dicha falencia a un problema de tipo “estructural” en el modo en cómo se hace periodismo económico en Chile. Reconoce, sin embargo, que no es culpa de los periodistas, sino de los medios, que no han sabido otorgar el tiempo necesario para la investigación en temas tan relevantes para un país.

Asimismo, le ha sorprendido gratamente el auspicioso cambio que ha tenido el suplemento Negocios de La Tercera, aumentando su dotación de periodistas y concentrándose en ofrecer a sus lectores un tipo de escritura comprensible y una mirada menos sesgada que el cuerpo B del El Mercurio, “La Tercera ha mejorado su cobertura económica”, indicó la periodista. No obstante, señaló que los medios deberían concentrar sus esfuerzos en mejorar la concisión de los artículos pues “la gente tiene miles de cosas que leer y necesita saber cuál es la noticia de manera rápida”. Criticó, de igual modo, la falta de contexto de la que carecen los artículos en los medios locales, dificultando así la comprensión acabada de los mismos.

Bradley cuestionó el uso que da El Mercurio a las informaciones provenientes de The Economist señalando que “los utiliza cuando le conviene” evidenciando la falta de objetividad presente en dicho medio. Respecto de la política comunicacional del gobierno fue categórica: “la presidenta no tiene un buen manejo con la prensa”, agregando que “no da buenas entrevistas” y muchas veces “desconoce los temas por los cuales se le pregunta”. La periodista británica piensa que este desorden comunicacional se debe principalmente a la poca experiencia de los asesores del gobierno. “Una política comunicacional tan cerrada no es compatible con la democracia” sentenció.

Su metodología de trabajo conjunto con su editor no dejó indiferentes a los estudiantes quienes, en su mayoría, ya han trabajado en medios nacionales y en donde el intercambio intelectual entre periodistas y editores no suele ser la norma. Bradley señala que para la región, es a ella a quien consulta su editor, destacando el profesionalismo y criterio que la periodista exhibe en sus notas. “Tenemos una relación de confianza y en varias oportunidades hemos discutido cerca de una hora el teléfono para ver qué postura asume el medio en un tema determinado”.

Respecto del país, destacó el hecho de que Chile sea noticia por su estabilidad macroeconómica y no por otros asuntos como suele suceder en la región. El precio del cobre tiene al país con un superávit fiscal que le otorga cierta comodidad constituyendo, para la periodista,“un modelo a seguir en Latinoamérica”, aún cuando sabe que no es políticamente correcto decirlo. Y revela una vez su conformidad por trabajar en este lado del mundo. ¿Un mensaje para la presidenta? “debe mejorar sus destrezas políticas”.





viernes 18 de abril de 2008

The Bootleg Beatles en Chile


Han pasado casi 42 años desde que The Beatles se presentaron por última vez en Inglaterra en Wembley el 1 de mayo de 1966. Ya son 27 años desde que los primeros Bootleg se reunieron para interpretar el rol de John, Paul, George y Ringo y comenzaron a girar por el mundo como la banda más importante de tributo.

Revivir el sonido y la puesta en escena de la misma forma que lo hizo The Beatles en los años sesenta es la propuesta de The Bootleg Beatles, que este año vendrán por primera vez a Latinoamérica y Santiago será una de sus paradas. Con una producción multimedia de más de dos horas, The Bootleg revive en sonido e imagen los clásicos de los 4 fabulosos en todas sus etapas.

Los avalan los elogios del mismísimo George Harrison - quien aseguró que The Bootleg conocían mejor los acordes de cada canción que los originales - y más de 4.000 presentaciones por el mundo, que los han llevado a los más importantes escenarios, entre ellos, el estadio de Glastonbury y de Wembley, además de presentaciones donde han compartido escenario con artistas como: Jon Bon Jovi, Rod Stewart, Oasis, Iggy Pop, David Bowie, Elton John, Travis, Macy Gray, entre otros.

Se han presentado en lugares como Rusia, India, Europa completa, Medio Oriente, Estados Unidos, sólo les restaba Latinoamérica, donde se los espera ansiosamente. En la gira actual se presentarán el en el Teatro Caupolicán de Santiago, para después continuar por Asunción, Paraguay, Buenos Aires, Argentina y varias ciudades de Brasil.

Cuándo
Jueves 08/05 (21:00)

Dónde
Teatro Caupolicán, San Diego 850

Precio
Desde $10.000
Hasta $30.000

Preventa
Ticketmaster
Falabella
Cine Hoyts

Link
The Bootleg Beatles



Fuente: Songbird Comunicaciones

martes 25 de marzo de 2008

Intención de Voto

Como señala Eliseo Verón, la noción de discurso político presupone, de manera explícita o implícita, ciertas hipótesis sobre una tipología de discursos sociales -es igualmente claro que esa tipología no está lo suficientemente definida-. El discurso político se ha desarrollado sobre la base de ciertas intuiciones, y a partir de una identificación del sentido común.

Existen diversas formas de posicionar la imagen de un candidato sobre otros, y de conseguir, en consecuencia, que la cantidad de votos recibidos sean suficientes para ganar una elección.

Hay que tener presente que siempre se está compitiendo con otro u otros, por tanto, la existencia de un adversario no puede soslayarse. Al construir su destinatario positivo y su destinatario negativo, el enunciador entra en relación con ambos. El destinatario positivo corresponde a un tipo de receptor que participa de las mismas ideas, que adhiere a los mismos valores y que persigue los mismos objetivos que el enunciador. Esta relación cobra la forma característica de una entidad que podríamos llamar colectivo de identificación. El destinatario negativo está, naturalmente, excluido del colectivo de identificación: esta negación constituye la definición misma del destinatario negativo. Siguiendo a Verón, podemos agregar que el análisis del discurso político en un contexto democrático revela la presencia de un tercer tipo de destinatario, perteneciente a sectores de la ciudadanía que se mantienen, en cierto modo, “fuera del juego” y que, en los procesos electorales, son identificados habitualmente como los “indecisos”; si votan, deciden su voto a último momento. Si la figura del colectivo de identificación está asociada a una creencia y la del adversario a la inversión de esta creencia, la posición de los indecisos, en el discurso político, tiene el carácter de una suspensión de la creencia. Luego las campañas deberán concentrarse, a través de la persuasión, en este sector de la población. Pero sin olvidarse que el discurso político constituye siempre un discurso de refuerzo respecto del destinatario positivo, de polémica respecto del destinatario negativo y de persuasión solo en lo que concierne a los indecisos.

Enunciar palabra política consiste entonces en dirigirse a tres tipos de destinatarios diferentes, por medio de constataciones, explicitaciones, prescripciones y promesas, respecto de las identidades del imaginario.

Ahora bien, ¿qué factores son determinantes a la hora de la elección? La respuesta a esta pregunta ha variado con el tiempo. Algunas democracias contemporáneas muestran una tendencia a lo que se ha venido llamando “gobiernos ciudadanos” en donde cualidades propias del candidato tienen más importancia que las ideas que sostienen su candidatura. El carisma, la cercanía, el tipo de lenguaje constituyen, en la actualidad, aquellos elementos que determinan, en un sector importante de la población (principalmente los indecisos), la intención de voto en los procesos electorales. Si los candidatos se juegan por este tipo de estrategias es, en definitiva, porque precisamente este grupo es el que puede llevarlos a la victoria.

jueves 31 de enero de 2008

LOS SECRETOS DEL RORSCHACH

Todo el mundo sabe que Rorschach es algo mas que una población suiza: es el apellido de un eminente psicólogo que diseñó un test de investigación de personalidad basado en la interpretación que el sujeto testado hace de unos dibujos simétricos, como producidos por una mancha de tinta al ser esparcida aleatoriamente sobre un papel doblándolo.

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jueves 3 de enero de 2008

Diferencias entre derecha e izquierda

Derecha, Izquierda...No menos causa de perplejidades es el tema de la izquierda y de la derecha, de si existen o ya no, de si se han encontrado a medio camino o todavía no. Hablamos de entidades que, al mismo tiempo, por su propia cuenta, parcieran querer camuflarse o autoaniquilarse o como mínimo ausentarse del imaginario colectivo, total o parcialmente. Ni siquiera se llaman a sí mismos "derecha" o "izquierda". Son ahora, respectivamente -salvo un núcleo duro situado en la extrema izquierda - de "centro derecha" y de "centro izquierda".

Se nos dice, se nos repite: "esas son nociones anticuadas, irrelevantes, sin sentido en el presente porque ha caido el muro de Berlín, el socialismo se fue a la cresta y no hay otro referente que el modelo de economía de mercado y a lo más algunas diferenc¡as de matices sobre cómo implementarlo..."

Cambios ha habido, es cierto, en ambas alas del espectro político. Ninguna de las dos expresiones significa ya lo mismo que significó y contuvo hace decenios o siglos atrás. El referente no es ya más, es cierto, el socialismo, ni para construirlo ni para combatirlo. Esa diferencia ha desaparecido, pero esto no implica el fin de todas las diferencias ni menos el principio motor que constantemente crea nuevas diferencias. Los abismos superados, los conflictos apagados, dan lugar y abren espacio para otros. La historia no se detiene. Nuevos problemas y encrucijadas nos obligan a elegir. Y esas elecciones inevitablemente se hacen o harán desde la vereda del interés, las ideas, las formas de cada quien y de cada grupo.

¿Cuáles interes, qué formación?
Contestar esto desde la izquierda es algo más difícil, pero eso no equivale a que la pregunta no tenga sentido. La vereda ya no es la del "socialismo científico" sino la de las "sensibilidades por los desposeídos". Eso hace alguna diferencia. También la historia particular de cada miembro de ese sector político: son hijos del rigor, de la pobreza, criaturas de clase media; algunos sufrieron apremios, otros tuvieron padres o madres admirables en su lucha y en el fondo de sus corazones aún alientan una actitud elemental de compasión o afecto por los débiles. Las dudas los acribillan , eso si: ¿hacen mal con apitutarse? ¿No estarán traicionando sus principios? ¿Hasta dónde aceptar o apoyar las soluciones de mercado? ¿Cuál es la alternativa?

En la derecha no hay tantas dudas. Las derechas de todas las épocas y lugares saben bien, siempre, lo que quieren; para ellos no es cuestión de doctrinas o modos teóricos a seguir o utopías que erigir, sino de privilegios y posiciones reales y concretos que defender a toda costa. Eso facilita y simplifica mucho las cosas. Determina por sí mismo los cursos de acción y los discursos apropiados para ese fin. Determina, en términos muy generales, una inclinación más o menos marcada a conservar lo que hay tal cual es y sin importar sus injusticias o defectos, por groseros que sean. Es esta una actitud normal de quienquiera se encuentre satisfecho de lo que es y/o tiene. Hay también, como elemento constitutivo de la cultura de la derecha en todas sus expresiones, una más o menos disimulada y a veces abierta y hasta proclamada indiferencia o desprecio hacia los de abajo. Dicha actitud a menudo cristaliza en una entera antropología y sociología; los de arriba son mejores que los de abajo, quienes por falencias personales están donde están y deben estar. La derecha, entonces, no tiene ni sufre dudas existenciales. Aun las más notorias evidencias de injusticia y abuso son reinterpretadas a la luz de algún aparato religioso a la mano que cumple dicha función y/ o son "tratadas" por aquella fracción -siempre presente en los sectores altos- de asistencialistas que con sus caridades al por menor liberan de carga moral a su entera clase. En el grueso y en lo principal de su acción, la derecha opera con el más rotundo, normalmente frío o -si la necesidad lo llama- ardoroso y bestial egoísmo. Pero en el discurso político debe, por cierto, manifestar otra cosa. No compra votos al desedeñar abiertamente al roterío y al pobrerío. Por eso la única elaboración doctrinaria que se le presenta abiertamente a la derecha es el camuflaje, el esconder su auténtica naturaleza como clase privilegiada, a menudo sustentada en colosales inequidades.

Más aún, aparte de las diferentes visiones que sustentan sobre la desigualdad, el financiamiento del Estado y otros asuntos vinculados al poder y el dinero, derecha e izquierda difieren radicalmente en casi todos los items de eso que la sitiuquería imperante llama "temas valóricos". En esto la izquierda tiende a asumir una actitud "progresista" que no pocas veces toma la forma de una indiscriminada aceptación, de tolerancia ilimitada, de disolución sin límites de los límites en el juicio acerca de lo alto, bajo, bueno y malo, de pérdida del sentido de las jerarquías en el sentido que le dio Ortega y Gasset al fenómeno de su ensayo "La rebelión de las masas", un total reblandemiento de las facultades críticas y una actitud general y facilona de suspenso de las funciones cognitivas más elevadas a favor de las funciones intestinales, emocionales, anales y hormonales.

A todo eso la derecha, con mucha impresición y aire de sabiduría empalagosa, lo llama "relativismo moral". Craso error. Relativismo es medir algo respecto o en relación a cierta norma y teniendo en cuenta el caso específico. Eso lo hacemos todos los días en toda clase de juicios. "Nos ponemos en cada caso". El pecado que la derecha llama relativismo es más bien su contrario, la típica ausencia de relaciones entre una cosa y otra del pensamiento "progre", su fuerte inclinación a agregar items al voleo, una cosa sobre la otra en colosal desorden y promiscuidad, sin jerarquías, sin discriminaciones, como si eso fuera prueba de tolerancia y amplitud de criterio cuando sólo lo es su falta y ausencia.

Pero si la actitud de la izquierda suele pecar de relajamiento y falta de rigor, al menos por lo mismo, entre mucha basura, a veces deja pasar y existir lo que puede valer la pena; la derecha en cambio peca de la más anodina y repelente estrechez mental y rechaza de plano, in vitro, todo aquello que pueda oler ahora o mañana a desafío del sistema vigente con sus poderes, sus discursos, sus significados.

¿Cómo entonces nos vienen con ese cuento de que no hay diferencias entre derecha e izquierda?
¿Quién y por qué quiere vendernos esa pomada?
¿A quién le interesa confundir más las cosas y mantenernos perplejos, confusos?